

Daisy tiembla apenas escucha las llaves del auto.
Nadie sabe exactamente qué le pasó antes de ser rescatada, pero cada viaje le recuerda algo que prefiere olvidar. Ahí es cuando Luna, su compañera de casa, hace lo único que sabe hacer: se acerca, se acomoda contra su cuerpo y no se mueve hasta que el miedo se va. No hay ladridos ni señales complicadas. Solo el peso tibio de otro cuerpo diciéndole que no está sola.
En las fotos que ya suman cientos de miles de reacciones se las ve dormidas una sobre la otra, envueltas en una toalla azul, como si el auto en movimiento no existiera. Una escena que se ha robado el corazón de todo quien la ve.
