Bennett Kaspar-Williams dejó la testosterona para poder quedar embarazado. Nada más.
Así de simple fue la decisión que lo llevó a concebir a su hijo Hudson de forma natural, sin ningún tratamiento médico, justo antes de que el mundo entrara en cuarentena. Tenía barba completa, pecho plano tras una cirugía que él mismo pagó, y un documento de identidad que decía ‘hombre’ en cada casilla. Nada de eso importó en el hospital.

Durante todo el parto, las enfermeras lo llamaron ‘mamá’, ‘madre’ o ‘señora’, sin importar cuántas veces corrigieran. Bennett dice que esa fue la única parte de todo su embarazo que le generó verdadero malestar. No cargar a su hijo, no las hormonas, no el cuerpo cambiando, sino que el personal médico se negara a verlo como lo que es. Hoy dice que nada se siente más fuerte que poder afirmar que es un padre que creó a su propio hijo.

