Joan, Terry y Marta ya no son jóvenes. Llevan casi cuarenta años esperando que sus sobrinos vuelvan a sentarse en la mesa familiar, y el tiempo empezó a apretar.

Erik tenía 18 años y Lyle 21 cuando la vida que conocían terminó en 1989, en la casa de Beverly Hills donde murieron sus padres. Desde entonces construyeron, dentro de una celda, otra versión de sí mismos. Un programa de cuidados paliativos para otros internos, un proyecto de embellecimiento, años dedicados a entender lo que les pasó y lo que hicieron.

La Junta de Libertad Condicional de California decidió adelantar la audiencia que podría cambiarlo todo. De agosto de 2028 pasó a marzo de 2027, un año y medio antes. No es una promesa de libertad, es solo la oportunidad de que alguien vuelva a mirarlos y decida si el hombre que entró a los 18 años sigue siendo el mismo que hoy, a los 54, pide una segunda oportunidad para abrazar a sus tías mientras todavía puedan sentirlo.


