Antes de convertirse en uno de los comediantes más queridos de Hollywood, Jim Carrey era un niño canadiense que descubrió que sus muecas podían conseguir algo mucho más importante que los aplausos: hacer sonreír a su madre.
El actor nació en 1962 y creció en una familia que atravesó momentos difíciles. Su madre, Kathleen, sufría problemas de salud y depresión, una situación que marcó profundamente su infancia.

“Mi madre sufría todo el tiempo. Yo quería ayudarla. Estaba deprimida, así que quería hacerla reír”, recordó durante una entrevista con Larry King en 2008.
Carrey contó que, desde pequeño, hacía imitaciones y actuaciones para entretener a su familia. Incluso llegó a pensar que quería demostrarle a su madre que había traído al mundo a alguien especial.
Años después, su familia enfrentó una grave crisis económica. Llegaron a vivir en una camioneta y el futuro actor tuvo que trabajar mientras todavía era adolescente.

Sin embargo, aquel niño que utilizaba el humor para enfrentar la tristeza nunca abandonó su talento.
Con el tiempo, protagonizó películas como La máscara, Ace Ventura y Una pareja de idiotas.
El niño que intentaba hacer sonreír a su madre terminó haciendo reír a millones de personas alrededor del mundo.
