Olivia Elliot tenía 4 años cuando despertó una mañana de junio con vómitos y un dolor de cabeza que no cedía.

Minutos después no podía sujetar la mano de su madre. Rebecca Elliott, de 31 años, la llevó de urgencia al hospital, donde un TAC, una resonancia y una punción lumbar confirmaron lo que nadie esperaba. La niña había sufrido un derrame cerebral. Los médicos encontraron una inflamación severa en una arteria principal del cuello y la vincularon a la varicela que Olivia había tenido en Navidad de 2024, meses antes.

El lado izquierdo de su cuerpo perdió fuerza, se le trabó el habla y parte de su rostro quedó caído. Pasó ocho semanas hospitalizada, del 29 de junio al 11 de agosto de 2025, y días después de salir ya estaba entrando a primaria, primero en silla de ruedas y luego con andador. Hoy camina sola en casa. Rebecca fundó Olivia’s Steps Foundation para acompañar a otras familias que atraviesan lo mismo, convencida de que muy pocos padres saben que un virus tan común puede dejar una huella tan profunda.

