Debbie Solsman pasó 14 años sirviendo almuerzos en la Denver Place Elementary School, en Wilmington, Ohio. Conocía a cada niño, sabía quién repetía plato y quién apenas probaba bocado. Cuando un estudiante no tenía saldo suficiente en su cuenta, la norma era darle solo un sándwich de queso. Ella empezó a dar un poco más.

Según contó, escuchó demasiadas veces la misma frase: seguían con hambre después de almorzar. En febrero la despidieron. El distrito escolar de Wilmington asegura que ningún estudiante se queda sin una comida completa, sin importar el saldo de su cuenta, pero no explicó por qué la echaron.

La historia se volvió pública y le llegaron dos ofertas para volver a trabajar en cafeterías escolares. Nadie del distrito quiso dar más detalles, citando privacidad laboral.
