
En la Mongolia Interior el invierno no perdona, y ni las máquinas se salvan del frío.
Así que cuando decenas de gatos callejeros encontraron una granja de minería de Bitcoin, no dudaron: se acurrucaron sobre las tarjetas gráficas, justo donde el calor escapaba de los ventiladores. El problema fue que taparon las rejillas de ventilación, los equipos se recalentaron y los sistemas de seguridad apagaron todo solos, deteniendo la operación completa sin que nadie lo autorizara.
Cualquier dueño hubiera espantado a los gatos a escobazos. Este no. Resultó ser un amante de los felinos, y en lugar de correrlos mandó a construir una habitación aparte, calefaccionada, con más de 200 esterillas térmicas para que durmieran seguros sin volver a meterse entre las máquinas.
