Lo que ayer eran calles tranquilas en Samsun, hoy son rápidos salvajes que devoran todo a su paso. La costa del Mar Negro en Turquía se convirtió en el escenario de una pesadilla.


Lluvias torrenciales transformaron la ciudad en un río marrón que arrastra coches como si fueran simples juguetes de plástico.


El agua alcanzó los 1,2 metros de profundidad, dejando un saldo de 12 personas hospitalizadas y a decenas de conductores atrapados sobre los techos de sus vehículos rezando por un rescate. Dejando depósitos de lodo de hasta 30 centímetros de espesor cubriendo casas y escuelas. Entre cortes de luz y sótanos inundados, la furia de la naturaleza dejó a la región de rodillas.
