A sus 21 años, Megan Dixon ha tomado una decisión que pocos imaginarían: amputar sus piernas para recuperar su libertad. Desde los 14 años, esta joven británica no puede caminar debido a un extraño trastorno neurológico que dejó sus extremidades totalmente rígidas.

El dolor se volvió tan insoportable que incluso bajo anestesia los médicos no lograban doblar sus rodillas. “Sentía cómo mis huesos crujían, pero me decían que el dolor estaba solo en mi cabeza”, confiesa Megan sobre los años en los que su condición desconcertó a los especialistas.

Luego de pasar tiempo en coma y perder temporalmente el habla, su realidad empeoró cuando sus piernas comenzaron a doblarse hacia atrás en un ángulo de 45 grados. Tras años de lucha, en agosto de 2026 se someterá a la cirugía definitiva.

Ahora, Megan recauda fondos para una silla eléctrica con un sueño muy sencillo: “Quiero ir al zoológico con mi pareja y tomar su mano, en lugar de depender de un cuidador”. Su valentía es un recordatorio de que, a veces, soltar es la única forma de volver a empezar.


