Vivi Voyage volvió a Francia y se encontró con algo que ya no recordaba.

La creadora de contenido francesa, que vive en México, se acostumbró allá a ducharse todos los días. Al regresar a casa de su familia, el hábito chocó con la realidad: el agua y la electricidad cuestan tanto que el consumo se cuida casi al milímetro. Tanto, que llegó a pasar cuatro días sin lavarse el cabello.

Su reflexión se volvió tema de conversación en redes: “En Francia bañarse diario es un privilegio, así que dejé el cuarto mundo por el tercer mundo”.

Con su experiencia puso sobre la mesa que vivir en un país europeo no siempre significa tener mejores condiciones en todo. A veces, lo más básico de la rutina también tiene un precio.
