Iván Fandiño tenía 36 años y una reputación que pocos toreros se atrevían a buscar: enfrentaba a los toros que otros rechazaban por peligrosos.

El 17 de junio de 2017, en la feria de Aire-sur-l’Adour, en el suroeste de Francia, algo salió mal antes incluso de que el toro lo tocara. Se le enredaron los pies en su propio capote y cayó al suelo. Ahí llegó la cornada que le perforó los pulmones y otros órganos vitales. Mientras lo trasladaban al hospital, alcanzó a decir: “date prisa, me muero”. Murió de un paro cardíaco en el camino.

Llevaba doce años en los ruedos y ya había sobrevivido a otras dos cogidas graves, en Pamplona y en Bayona. Fue el primer matador en morir en Francia desde 1921. El Rey Felipe VI le rindió homenaje. Deja esposa e hija.

