Guilherme Henrique Raulino Brasil aprendió a ganarse la vida antes de aprender a afeitarse.
En Barra do Aririú, un pueblo pesquero de Palhoça, salía a pescar de noche con su padrastro y al día siguiente vendía helados en la calle. De ahí construyó una carrera como cirujano oral y maxilofacial, y con ella un proyecto para reconstruir el rostro de personas sin recursos, tumores, secuelas de accidentes, casos de neurofibromatosis. Todo gratis.

Hasta que otros médicos y dentistas lo denunciaron ante el Consejo Regional de Odontología de Santa Catarina. El motivo: la ley brasileña prohíbe cobrar cero por un procedimiento. Su respuesta fue tan simple como filosa: empezó a cobrar 1 real por cirugía, y si el paciente no lo tenía, aceptaba una docena de huevos o pan. Una mujer de 75 años pagó así la extracción de un tumor.

El proceso ético terminó archivado: el propio Consejo determinó que no hubo ninguna infracción. Mientras sus colegas discutían normas, él ya estaba preparando su próximo viaje, esta vez a Angola, para operar gratis a 80 personas más en solo seis días.

