Denzel Washington subió al escenario de la Universidad de Dillard, en 2015, para dar el discurso de graduación. Y en vez de hablar de éxito, habló de su madre.

Contó que, ya siendo famoso, le dijo a ella que todo lo había logrado solo. Ella lo detuvo de inmediato: le recordó las oraciones, las túnicas benditas, el agua bendita que le echaba encima para protegerlo. Fue entonces cuando el actor entendió algo que quiso dejarles a los graduandos: nadie llega a ningún lado sin ayuda.

El actor, ganador de dos premios Óscar y tres Globos de Oro, cerró con un mensaje que sonó más a confesión que a discurso: todo lo que tiene es un regalo, no un mérito propio. Y que mantenerse fiel a esa idea es lo que lo ha mantenido con los pies en la tierra durante toda su carrera.
