Todo empezó con una fotografía borrosa, tomada en 2008 en el Parque Nacional Lomami, en la República Democrática del Congo. Nadie le dio demasiada importancia hasta que, diez años después, apareció una segunda pista del mismo animal escurridizo. Ese segundo avistamiento fue suficiente para que un equipo de científicos de Estados Unidos, Alemania y el propio Congo decidiera ir tras él en serio.

Lo que encontraron fue una criatura que parece diseñada por un ilustrador: pelaje negro, una mancha blanca junto a la cola y labios de un naranja rosáceo intenso, casi pintados. Los habitantes locales ya lo conocían como Likweli, pero para la ciencia no existía. Su rugido, grave y áspero, se parece más al croar de una rana gigante que al llamado típico de un primate.

Los análisis genéticos, publicados en la revista PLOS One, confirmaron que se trata de una especie completamente nueva, el Colobus congoensis, separada de sus parientes más cercanos hace entre 4 y 5 millones de años. Es la quinta especie de mono descubierta en África en 75 años. Pero la investigadora Kate Detwiler y su equipo advierten algo que empaña la celebración: viven en un área tan pequeña que la deforestación y la caza podrían borrarlos antes de que termines de conocerlos.

