En 2012, unos obreros que trabajaban en la construcción de un teleférico en la provincia de Hatay, Turquía, se toparon con algo que nadie esperaba bajo tierra.

Era un mosaico de casi 2400 años, hecho en el siglo III a.C., con la figura de un esqueleto recostado junto a una jarra de vino y un pedazo de pan. Al lado, una inscripción en griego antiguo decía algo tan simple como devastador: sé alegre, disfruta de tu vida.

No era una advertencia macabra ni una maldición. Era, según los arqueólogos, un recordatorio de mortalidad pensado para banquetes: la muerte llega para todos, así que aprovecha lo que tienes ahora. Dos mil cuatrocientos años después, el mensaje sigue intacto, y sigue doliendo la misma verdad.

