Danielle Aguiar Silva tenía una certeza de niña: algún día iba a manejar un autobús. Se lo decía a sus primos, medio en broma, medio en serio. Hoy tiene 28 años y cumple ese sueño en las calles de Montes Claros, en el norte de Minas Gerais, Brasil.

El camino no fue directo. Trabajó como peluquera, fue dependienta de un supermercado y hasta se graduó en Educación Física. Pero la idea de ponerse frente a un volante grande nunca se fue. Cuando se enteró de que abrían un proceso de selección para conductores, sacó su licencia categoría D, la que se necesita para manejar autobuses, y entró. Según el portal Trans Emprego, es la primera mujer transgénero en trabajar como conductora de autobús urbano en el estado.

Comenzó su transición a los 13 años con el respaldo de su familia, que temía más al prejuicio de la calle que a cualquier otra cosa. En sus tres años de trabajo, asegura no haber vivido ningún episodio directo de discriminación: pasajeros y compañeros la respetan. Su historia se hizo viral en septiembre de 2026 y le llegaron mensajes de otras mujeres trans que empezaron a imaginar nuevos caminos. Ella responde con una frase que lo resume todo: “El lugar de una mujer trans es donde ella quiera estar, incluso en puestos de liderazgo”.

