Todo empezó como un simple malestar: dolor de espalda, náuseas, un silbido raro al respirar. Un médico le dijo a Stephanie Harrop, de 64 años y vecina de Greetland, en Reino Unido, que probablemente tenía un virus. Un día después colapsó y llegó en ambulancia al Bradford Royal Infirmary.

Los análisis revelaron sepsis. Cayó en coma durante una semana y media, y cuando abrió los ojos, sus manos y sus pies estaban completamente negros. En junio de 2019 le amputaron ambas piernas por debajo de la rodilla. Meses después, el 5 de septiembre, los cirujanos le quitaron nueve de sus diez dedos.

Estuvo internada siete meses seguidos, perdió su trabajo como cuidadora de salud mental y hoy depende de una silla eléctrica y de las personas que la rodean para tareas simples, como pasear a su perro. Aun así, insiste en algo: quiere vivir una vida plena, y quiere que nadie más enfrente esto en soledad.

