Perder a un perro después de tantos años también es despedirse de una parte de la familia.
Sunny llegó a la vida de los Obama en 2013, cuando Barack aún estaba en la Casa Blanca. Desde entonces acompañó a Michelle, Malia y Sasha durante buena parte de sus vidas, compartió juegos con Bo y terminó convirtiéndose en una presencia inseparable tanto dentro como fuera de la residencia presidencial.

Barack Obama recordó que Sunny era enérgica, cariñosa y especialmente protectora con Bo. También contó algunos de esos detalles que solo conoce quien ha vivido años con un perro: prefería a las personas antes que a otros animales, bebía agua haciendo un desastre y, pese a ser una perra de agua portuguesa, odiaba mojarse.
Tras la muerte de Bo en 2021, Sunny siguió acompañando a la familia hasta sus últimos días. Ahora, 13 años después de haber llegado a sus vidas, los Obama tuvieron que enfrentar otra de esas despedidas que ningún amante de los animales quisiera vivir.
“Para nuestra familia era prácticamente perfecta”, escribió Barack. Porque al final Sunny nunca fue solo una mascota: fue una más de ellos.
