Casi 30 años. Eso tardó la ciencia en hacerle al clítoris lo que ya le había hecho al pene: mapear cada uno de sus nervios.

Un equipo liderado por la investigadora Ju Young Lee, del Centro Médico Universitario de Ámsterdam, usó rayos X de sincrotrón —una tecnología capaz de detectar estructuras de apenas 2 micrómetros— para escanear muestras pélvicas de dos mujeres de 59 y 69 años. Lo que encontraron desarmó lo que se creía hasta ahora: el nervio dorsal del clítoris no se adelgaza al llegar al glande, como se pensaba, sino que se ramifica como un árbol, con troncos nerviosos de hasta 0,7 milímetros.

La urióloga australiana Helen O’Connell lo resumió sin rodeos: el clítoris fue ignorado por la medicina durante demasiado tiempo. Tanto, que ni siquiera aparecía en los libros de anatomía hasta el siglo XX, y en 1995 todavía se lo describía como una versión pequeña del pene.
Este mapa no es solo un logro académico. Podría evitar daños nerviosos en cirugías pélvicas y de afirmación de género, y sobre todo, ayudar a reconstruir la sensibilidad de las más de 230 millones de mujeres que sobrevivieron a la mutilación genital femenina.

