Rachel Buyle tiene 36 años y una piel tan frágil que el calor, un roce o un golpe leve pueden abrirle una herida dolorosa.

Nació con epidermólisis bullosa distrófica, una enfermedad genética rara que la obliga desde bebé a vivir entre vendajes y cuidados especiales. Ella misma ha descrito su piel como frágil como las alas de una mariposa.
Ese ciclo constante de herida, cicatriz y nueva herida tiene una complicación conocida: el cáncer de piel. Rachel pasó por varias operaciones en su mano izquierda, pero el problema volvía una y otra vez.

En octubre de 2024, su perro de asistencia, Jetson, le avisó de algo anormal en la muñeca. Su médico confirmó lo que temía: el cáncer había regresado por sexta vez. Otra cirugía era posible, pero Rachel ya había tomado su decisión. En junio de 2025 le amputaron el brazo izquierdo justo por debajo del codo para evitar que la enfermedad se extendiera.

Hoy sigue dedicando hasta 18 horas a la semana a vendar su piel. ¿Cuántos de nosotros tendríamos esa fortaleza?

