“Cada segundo que yo esté aquí descansando hay una persona esperando que la rescaten” No tiene entrenamiento, no tiene experiencia, no tiene ni siquiera un uniforme oficial.
Solo tiene la certeza de que debía estar ahí. Así lo explicó él mismo entre lágrimas, frente a las cámaras, con los ojos rojos de cuatro días sin cerrar los párpados.

Su testimonio se suma al de decenas de voluntarios civiles que se lanzaron a los escombros en La Guaira tras el terremoto que golpeó Venezuela el 24 de junio, una tragedia que ya suma cerca de 1.500 fallecidos. Él dice que lo que más le pesa no es el cansancio, sino escuchar a las familias pedirle que busque a un pariente en tal piso, en tal habitación.

No le importó preocupar a su propia familia. Tampoco dormir. Solo repite una frase que explica todo: cada segundo que él descanse, hay alguien más esperando bajo los escombros a que alguien como él llegue a tiempo.
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