En Japón nadie contrata más personal de limpieza para las escuelas. Son los propios estudiantes quienes, desde pequeños, barren su salón, ordenan las bancas y dejan todo listo antes de irse.

No es un castigo ni una tarea menor: es una forma silenciosa de enseñar que los espacios compartidos también son responsabilidad de todos. Y esa costumbre no es exclusiva de Japón, muchas personas alrededor del mundo recuerdan haber hecho lo mismo en su propia escuela, aunque nunca fuera obligatorio.

Evangelina Moreno propone justamente eso. Que las escuelas fomenten estos hábitos para que los niños crezcan entendiendo el respeto por el trabajo ajeno y el cuidado de lo que es de todos. Porque hay lecciones que ningún libro enseña tan bien como una escoba en la mano.

