Dolly Parton murió el 25 de agosto de 2026. Tenía 80 años.
La noticia la dio su sobrino Brian Seaver, en un video que subió a la cuenta de la propia Dolly. Así, con la misma voz cálida con la que ella hablaba siempre a su público, el mundo se enteró de que la Reina del Country ya no estaba.
Venía de un tiempo difícil. En mayo había cancelado de golpe una residencia en Las Vegas por cálculos renales. El 21 de agosto, apenas cuatro días antes de morir, le había confesado a la revista People que atravesaba un periodo duro.
Había otra herida, más honda. Carl Dean, su esposo durante casi 60 años, murió en marzo de 2025. Dolly nunca ocultó cuánto la había marcado esa ausencia.
Antes de todo eso hubo una vida entera. Una niña, la cuarta de doce hermanos, criada entre montañas y pobreza en Tennessee. Una voz que grabó su primer disco en 1967 y no dejó de sonar nunca más. Jolene. 9 to 5. I Will Always Love You.
Vendió más de 160 millones de discos. Ganó once Grammy. Y regaló más de 200 millones de libros a niños que, como ella alguna vez, no tenían casi nada.
Se fue poco después que el hombre al que amó toda la vida. Como si hubiera esperado lo justo para no dejarlo solo demasiado tiempo.
