Dolly Parton pudo quedarse con casas de lujo y cuentas infinitas. Prefirió otra cosa.

En Sevier, Tennessee, su condado natal, vio niños abandonando la secundaria y no escribió un discurso: prometió 500 dólares a cada alumno de séptimo y octavo grado que llegara a graduarse. La tasa de abandono cayó del 35% al 6%. Un año después regaló becas para que cualquier joven del condado pudiera estudiar en Hiwassee College, porque para ella la educación nunca debió tener precio.

Su Biblioteca de la Imaginación empezó enviando libros gratis a bebés de su pueblo y hoy llega a familias de varios países. Ayudó a salvar águilas calvas heridas, donó un millón de dólares que aceleraron la vacuna de Moderna contra el COVID-19, y nunca esperó un aplauso del Congreso para hacerlo. Solo vio gente que necesitaba una mano y la extendió, una y otra vez.

