Durante años circuló por internet una fotografía que parecía mostrar una versión completamente desconocida de Dolly Parton: sin su enorme cabello rubio, sin su peinado característico y, aparentemente, completamente calva.

La imagen llamó tanto la atención que ayudó a alimentar un viejo rumor: que debajo de las enormes cabelleras que Dolly lucía en público prácticamente no había cabello.
Pero la realidad es bastante diferente.

Dolly Parton sí tenía cabello. El secreto de su look no era que fuera calva, sino que durante buena parte de su carrera convirtió las pelucas en una parte fundamental de su imagen.
La propia Dolly nunca ocultó que las utilizaba. De hecho, ha contado que comenzó a recurrir a ellas porque su cabello sufría por el constante uso de tinturas, decoloración y peinados extremadamente elaborados. Con una peluca podía conseguir el volumen y la altura que quería sin tener que someter su cabello natural a esos procesos todos los días.





En una entrevista con Allure, incluso explicó que posee cientos de pelucas y que puede utilizar una prácticamente todos los días cuando está trabajando o aparece en público. Pero también hizo una aclaración importante: cuando está en casa, no necesariamente usa una. Allí puede llevar su propio cabello, que mantiene decolorado y con un largo similar al de sus pelucas.
El asunto se volvió todavía más divertido porque Dolly nunca ha tenido problema en bromear sobre la calvicie.
En una entrevista de 1998, un hombre del público que estaba perdiendo el cabello le preguntó si debía usar Rogaine, ponerse una peluca o simplemente aceptar su situación.
Dolly, fiel a su estilo, le respondió con una frase que provocó risas:
“Creo que deberías quedarte como estás, porque que hayas perdido tu pelusa no significa que no seas un melocotón”.

Así que la imagen de una Dolly completamente calva resulta irresistible como fotografía viral, pero su historia capilar es bastante menos extrema.
No necesitaba ser calva para usar pelucas. Simplemente convirtió las pelucas en una de las partes más reconocibles de su personaje.
Y quizás esa sea la verdadera gracia: durante décadas, millones de personas se preguntaron qué había debajo de ese enorme cabello rubio…
y Dolly nunca tuvo ningún problema en admitir que, muchas veces, era una peluca.
