Robert Lee Parton nunca aprendió a leer ni a escribir.
Desde niño trabajó la tierra y la escuela quedó siempre del otro lado de una cerca que no pudo cruzar. Esa carencia lo acompañó durante toda su vida, y Dolly, su hija, fue testigo de cuánto le pesaba.

Ella no podía devolverle la infancia. No podía ponerle un libro entre las manos cuando era niño ni borrar los años que había perdido. Pero sí podía hacer algo para que otros niños no crecieran con esa misma falta.
En 1995, Dolly fundó la Imagination Library en Sevier County, Tennessee, el mismo lugar donde su padre había crecido sin haber tenido la oportunidad de aprender a leer.
Al principio, el proyecto era sencillo: enviar libros gratuitos a los niños de su propio condado.
Pero Dolly no se detuvo allí.

El programa comenzó a expandirse hasta cruzar fronteras y, con el tiempo, se convirtió en una iniciativa internacional. Hoy, la Imagination Library ha entregado cerca de 150 millones de libros en cinco países, enviando uno gratis cada mes a los niños desde que nacen hasta que comienzan la escuela.
Robert Lee alcanzó a verlo.
Antes de morir, en el año 2000, pudo saber que aquello que había nacido de una de sus mayores carencias se había transformado en algo mucho más grande que su propia familia.
Dolly nunca tuvo hijos propios.

Pero de alguna manera, terminó teniendo millones: uno por cada niño que ha recibido uno de sus libros y ha podido abrirlo antes de dormir.
Su padre no pudo leerle un cuento cuando era pequeño.
Ella se aseguró de que millones de niños sí pudieran escucharlo.
Y mientras un niño, en algún lugar del mundo, abra uno de esos libros, Dolly Parton seguirá contando una historia.
Y en el fondo de cada una de ellas, siempre estará él.
