Dolly Parton tenía apenas una niña en las montañas de Tennessee cuando decidió que nadie le iba a decir cómo vestirse.

Su abuelo, un predicador estricto, no pensaba lo mismo. Cada vez que la veía con maquillaje llamativo o ropa que él consideraba indecente, la regañaba o la azotaba. Ella misma lo contó así, sin rodeos: estaba dispuesta a pagar ese precio. Su inspiración no venía de una revista ni de Hollywood, sino de una mujer de su pueblo a la que todos llamaban con desprecio ‘la trampa del pueblo’ — la única que se atrevía a lucir distinta en ese lugar donde todos vestían igual.

Años después, esa niña castigada se convirtió en una de las artistas más queridas del mundo, con el pelo enorme, las uñas largas y los escotes que su abuelo tanto criticaba como su marca registrada. Contó todo esto a los 77 años, al promocionar su libro y su álbum más recientes, como quien finalmente hace las paces con la niña que fue.

