Winder tiene 15 años. Deivi, 17. Son hermanos, venezolanos, y sobrevivieron a algo que no debería repetirse dos veces en una vida.

El 24 de junio de 2026, un doble sismo de magnitud 7,2 y 7,5 devastó La Guaira, Venezuela, y se llevó a su madre, su abuela y a su hermano menor. Su padre, Deivid, barbero de oficio, tomó lo que quedó de la familia y cruzó la frontera hacia Cali, Colombia, buscando un lugar donde la tierra no volviera a abrirse bajo sus pies.

No alcanzó a pasar dos meses. El 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el oeste de Colombia y se sintió hasta en Cali. Más de 240 personas murieron en el país que los había acogido. Para los Delfín, el temblor no fue una noticia en la televisión: fue la misma pesadilla, otra vez, en otro idioma de tierra.

