Primero el barro comenzó a filtrarse por debajo de las puertas. En cuestión de segundos, ya alcanzaba los asientos y dentro del bus solo se escuchaban golpes, crujidos y pasajeros gritando que el agua seguía subiendo.
La emergencia ocurrió cerca de las 17:00 horas en Santiago, Chile, cuando un aluvión convirtió una calle de Las Condes en un torrente de agua, piedras, ramas y lodo. En el bus viajaban nueve personas, incluido el conductor.
Una pasajera contó que el golpe llegó tan rápido que ni siquiera alcanzaron a bajarse antes de que la máquina comenzara a retroceder arrastrada por la corriente.
Con el agua entrando cada vez más, varios tuvieron que abrir la escotilla de emergencia y subir al techo. Uno de los jóvenes recordó que dentro el barro ya le llegaba hasta la cadera, mientras el vehículo avanzó sin control cerca de dos cuadras, golpeando y arrastrando objetos a su paso.
El bus finalmente quedó frenado contra dos grandes árboles, a unos 15 metros de impactar un centro comercial. Recién entonces pudieron comenzar a salir: hubo golpes y cortes con vidrios, pero ninguno de los pasajeros sufrió heridas de extrema gravedad.
