

En Cedar Springs, Michigan, nació un cervatillo distinto a todos los demás. Cara blanca, ojos azules, nariz rosada. Su hermano tenía el pelaje café de siempre, pero él no. Y eso bastó para que su propia madre lo rechazara apenas nació.
Se llama Dragon, y tiene piebaldismo, una condición genética que afecta a menos del 1% de los ciervos de cola blanca en el mundo. Hilary Powell, dueña de la granja Deer Tracks Junction, lo recibió en su propia casa y lo alimentó a biberón noche tras noche hasta que pudo sostenerse solo.
La naturaleza lo dejó fuera por ser diferente. Hilary decidió que eso no iba a definir su destino.



