Kirk Alexander, un hombre de Salem, Oregon, durante casi 10 años llamó religiosamente a la misma sucursal de Domino’s Pizza para hacer su pedido nocturno. Pero en mayo de 2016, el teléfono dejó de sonar.

Pasaron exactamente 11 días de un silencio total que encendió las alarmas de los empleados. La gerente no ignoró su corazonada y envió a un repartidor a su casa.


Al llegar observó que el televisor estaba encendido pero nadie abría. Llamaron al 911 y los rescatistas lo hallaron tirado sufriendo una grave crisis médica. Literalmente su rutina diaria literalmente terminó salvandole la vida.

