Barbara Spence todavía guarda una caja llena de recuerdos de su esposo, Maynard: tarjetas de cumpleaños, cartas y pequeñas flores hechas con servilletas. Pero lo más conmovedor es que algunos de esos mensajes aparecieron mucho después de que él muriera en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

La pareja llevaba más de diez años intercambiándose notas de amor. Maynard solía esconderlas en distintos lugares de la casa, sin necesitar una fecha especial para recordarle cuánto la quería.
El 11 de septiembre, Maynard estaba en el piso 100 de la Torre Norte del World Trade Center por una reunión de trabajo. Barbara pasó horas esperando alguna noticia, aferrada a la esperanza de que pudiera aparecer con vida.

Finalmente, en abril del año siguiente, encontraron parte de sus restos entre los escombros. Para ella, ese momento confirmó definitivamente que no volvería.
Poco después, mientras buscaba una receta en un libro de cocina, encontró una de sus notas escondida junto a la preparación de unas galletas que a él le encantaban.
“Saqué el libro de cocina y la nota estaba ahí. Me puse a llorar”, recordó.

A 25 años de aquella tragedia, Barbara volvió a revisar la caja y se sorprendió al descubrir cuántos recuerdos había guardado.
“Él pensaba que era el hombre más afortunado del mundo y nunca quería que olvidara cuánto me amaba”, contó.
Y, pese al paso del tiempo, su sentimiento sigue intacto: “Siento que todavía lo amo tanto como hace 25 años”.
