Shaye tenía tres años cuando supo que algo no encajaba.
Creció en una familia mormona en St. George, Utah, y guardó ese secreto durante décadas hasta que en 2019, durante unas vacaciones en Laguna Beach, se lo confesó a Amanda, su esposa desde hacía casi veinte años. Amanda no dudó. “Ella me ayudó a aceptar mi identidad transgénero”, contó Shaye a la revista People.


Lo más difícil vendría después: decirles a sus tres hijos, Emmeline, Hudson y Desmond, entonces de 11, 9 y 6 años, que su papá se convertiría en su mamá. Shaye temía su reacción más que ninguna otra cosa. Pero a los niños jamás les importó hablar del antes y el después. Lo tomaron con una naturalidad que desarmó a los propios adultos. “Ellos fueron más comprensivos que yo misma”, confesó Shaye. Esa aceptación sostuvo a la familia entera: dejaron la iglesia mormona, Shaye inició su transición y, años más tarde, ella y Amanda renovaron sus votos matrimoniales rodeadas de los mismos hijos que nunca hicieron preguntas incómodas, solo abrazaron a su mamá.
