Durante una entrevista realizada poco después de su condena, Edmund Kemper, conocido como el “asesino de las universitarias”, describió una de las contradicciones más perturbadoras de su mente.

Al hablar sobre lo que pensaba cuando veía a una mujer atractiva por la calle, explicó que dos ideas podían aparecer al mismo tiempo:
“Una parte de mí piensa: ‘Qué mujer tan atractiva. Me gustaría hablar con ella, salir con ella y tratarla bien’. La otra parte piensa: ‘Me pregunto cómo se vería su cabeza sobre un escritorio’”.
La frase suele compartirse como si proviniera de las entrevistas de Kemper con el FBI, pero su origen documentado está en una entrevista publicada en Front Page Detective, en marzo de 1974, realizada por la periodista Marj von Beroldingen. La idea también fue popularizada por American Psycho, aunque la película atribuye erróneamente la frase a Ed Gein.

Lo inquietante no es solo el contenido de la declaración, sino la manera en que Kemper describía sus pensamientos: como si pudiera separar una conducta social aparentemente normal de fantasías violentas y profundamente deshumanizadoras.
Los investigadores y especialistas que lo entrevistaron buscaban comprender precisamente esa clase de mecanismos: cómo un asesino podía mostrarse articulado, tranquilo e incluso encantador, mientras relataba impulsos y crímenes atroces.

La frase no demuestra por sí sola cómo funciona la mente de todos los asesinos seriales. Sí revela, en cambio, la forma en que Kemper reconocía y verbalizaba la coexistencia de una fachada social y una fantasía homicida.
