Edson Izidoro retiraba el oxígeno a pacientes del Hospital Salgado Filho en Río de Janeiro para cobrar comisiones de funerarias por cada muerto

Por Sebastián Jerez
30 June, 2026

Edson Izidoro llegaba a los turnos nocturnos del Hospital Salgado Filho, en Río de Janeiro, con una rutina que nadie dentro del centro médico cuestionó durante demasiado tiempo: identificaba a los pacientes más vulnerables, les retiraba el suministro de oxígeno o les inyectaba sustancias, y esperaba. Cada fallecimiento le reportaba una comisión de las funerarias con las que, según las autoridades brasileñas, mantenía un acuerdo sistemático.

 Patrícia Santos/Folhapress/Patrícia Santos/Folhapress, Wild_Tap5857

El caso, que estalló a finales de la década de 1990, expuso lo que los investigadores denominaron la “mafia de las funerarias”: una red que monetizaba la muerte dentro de un hospital público. Izidoro terminó confesando su participación en el asesinato de varios pacientes, aunque las estimaciones de la época apuntaban a que las víctimas reales podían superar el centenar. Las condenas formales, sin embargo, abarcaron solo un número limitado de casos.

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Lo que hizo este caso particularmente perturbador no fue únicamente la frialdad del método, sino la posición de confianza que Izidoro ocupaba: la de alguien a quien los pacientes, y sus familias, entregaban su vida sin cuestionarlo. Brasil debatió durante años qué mecanismos de control habían fallado para que un esquema así operara sin ser detectado.

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