Kane Hodder llevaba años dándole vida a Jason Voorhees, el asesino más temido del cine slasher. Pero en el set de Viernes 13, Parte VIII: Jason toma Manhattan, en 1989, se topó con una línea que no estaba dispuesto a cruzar.

El guion pedía una escena simple: un perro le ladraba al llegar a la ciudad y Jason lo pateaba. Hodder se negó en el momento.

Su argumento fue tan simple como firme: Jason podía asesinar a decenas de personas a lo largo de la saga, pero jamás le haría daño a un animal ni a un niño. Esa era, para él, la única regla moral que sostenía al personaje.

El director escuchó y cedió. La escena se reescribió: en vez del perro, Jason terminó destruyendo una radio portátil de unos jóvenes en la calle.

Décadas después, esa decisión de un actor detrás de una máscara de hockey sigue siendo una de las historias favoritas de los fans de la franquicia.
