Michel Kuka Mboladinga tiene 49 años, un brazo derecho que ha sostenido en alto durante décadas y un apodo que lo dice todo: Lumumba Vea, la Estatua Humana. Durante 90 minutos, partido tras partido, permanece inmóvil imitando la estatua del líder independentista Patrice Lumumba en Kinshasa. Su ritual lo convirtió en el aficionado más reconocido de la República Democrática del Congo — tanto, que el propio presidente Félix Tshisekedi aceptó la petición de los jugadores de incluirlo en la delegación oficial para el Mundial 2026.

Pero ni la delegación oficial alcanzó. Estados Unidos exige una cuarentena obligatoria de 21 días a todos los viajeros provenientes de zonas con ébola, y el brote que azota al Congo no daba tregua: 676 contagios y 136 muertes registradas hasta el 10 de junio, según la OMS. El plan era que Lumumba cumpliera esa cuarentena en Bruselas, pero los tiempos simplemente no cerraron. El miércoles 18 de junio, cuando su selección empató 1-1 con Portugal en Houston en el debut mundialista más importante en 52 años, él lo vio desde lejos. No fue la primera vez: también se había perdido el repechaje en Guadalajara por problemas migratorios.

Lo que duele no es solo la ausencia. Es que un hombre que convirtió su cuerpo en símbolo político e histórico para honrar a su país no pudo estar ahí cuando la historia por fin lo llamó.

