Lo que parecía una mancha negra en un vertedero de Nakhon Nayok, Tailandia, resultó ser una de las escenas más crueles captadas por una cámara.

Un perro callejero había quedado atrapado en un charco de caucho industrial fundido, un material que al enfriarse se convierte en una prisión sólida y tóxica.

Cuando los rescatistas llegaron al lugar, el perro estaba casi sumergido por completo. El caucho se había endurecido de tal manera que el animal estaba “sellado” al suelo.

Cualquier movimiento brusco podía desprender su piel, por lo que el equipo tuvo que actuar con una precisión quirúrgica, utilizando solventes y aceites para disolver la masa negra poco a poco.

Fueron horas de angustia bajo el sol, pero la voluntad del animal y la dedicación de los voluntarios lograron lo imposible.

Tras ser liberado de su prisión química, el perro fue trasladado de urgencia a una clínica veterinaria para tratar las quemaduras y la intoxicación por los vapores.
