Mike Coffman tiene 71 años y gobierna Aurora, Colorado. Desde febrero, cada viernes por la tarde deja su oficina de alcalde y se dirige al campus de la Aurora Regional Navigation, un refugio de 600 camas. Ahí, entre residentes que no tienen otro lugar donde dormir, se acuesta en un catre del dormitorio común para hombres. El sábado en la mañana ayuda a servir el desayuno.

Él mismo ayudó a fundar ese refugio y forma parte de la junta directiva de la organización que lo administra. Dice que necesitaba comprobar, con su propio cuerpo, si el dinero público destinado a combatir la falta de vivienda realmente se traduce en resultados. “Me ha ayudado a verlos con compasión, como individuos, y no a través de una mirada de condescendencia o desprecio”, escribió en Facebook.

No es la primera vez que Coffman se mete en los zapatos de quienes no tienen techo: en 2021 pasó una semana encubierto como veterano en situación de calle, aunque después generó polémica al llamar a la pobreza extrema “una decisión de estilo de vida”. Esta vez las reacciones también se dividen: hay quienes lo aplauden por predicar con el ejemplo, y quienes le recuerdan que él, a diferencia de los demás, cada sábado vuelve a su casa.

