Hayden Panettiere lo escribió sin rodeos: “No sentí nada” al ver por primera vez a su hija Kaya, en diciembre de 2014, tras un parto que casi le cuesta la vida.


Siete transfusiones, una segunda cirugía y una depresión posparto que la llevó, meses después, a ceder la custodia de la niña a Wladimir Klitschko.


Unos dicen que fue un acto de honestidad brutal, la prueba de que el instinto materno no siempre llega con el parto y que hablar de eso salva vidas.


Otros creen que toda madre debería luchar antes de renunciar, sin importar cuánto duela.


¿Fue coraje reconocer que no sintió esa conexión, o debió intentarlo más antes de dejar ir a su hija?
