Un video grabado en el criadero Sent from Heaven de Deutsch Haslau, Austria, mostró a una mamá golden retriever mostrando sus asombrosas habilidades de maternidad y no dudó en darle una lección a sus cachorros, sin zarpazos, rasguños ni mordidas… Sino algo mucho más importante.
La perrita llamada Rosalie sabe muy bien lo que hace. Esta era su cuarta y última camada y los cachorros ya tenían 8 semanas de edad, justo cuando están avanzando en el destete.
La escena capturó justo este momento: los cachorros estaban desesperados por tomar leche. Cuando Rosalie entra a la habitación, los pequeños se abalanzan sobre ella e intentan llegar a sus mamas, pero la Rosalie quiere y necesita enseñarles a dejarlos de tomar para que aprendan a alimentarse de otras cosas y logren sobrevivir sin ella.
La golden marcó su distancia con gruñidos y ladridos firmes, a lo que los cachorros hicieron caso de inmediato. Una vez calmados, la actitud de Rosalie cambia completamente: vuelve a acercarse, los olfatea y atiende cariñosamente.


Es su forma de destetarlos y, de paso, enseñarles algo que les servirá toda la vida: mamá ya no estará disponible cada vez que ellos quieran y tendrán que aprender a controlar su excitación y respetar sus señales.
Y precisamente por eso las primeras semanas junto a la madre y los hermanos son tan importantes. Los cachorros no solo crecen junto a ellos: aprenden a ser perros.
Jugando con sus hermanos, descubren, por ejemplo, a controlar la fuerza de su mordida. Si uno muerde demasiado fuerte, el otro puede chillar o terminar el juego. También aprenden a interpretar gruñidos, posturas y otras señales que les indican cuándo otro perro quiere jugar, está incómodo o simplemente quiere que lo dejen tranquilo.
Mamá también pone límites. No siempre permite que mamen, jueguen con ella o hagan lo que quieran, y esas pequeñas negativas ayudan a los cachorros a enfrentarse progresivamente a la frustración y el autocontrol. Rosalie lo muestra perfectamente: solo cuando sus pequeños bajan la intensidad, ella vuelve a acercarse tranquilamente.
Por eso, salvo situaciones excepcionales, no se recomienda separar a un cachorro de su madre y camada antes de las 8 semanas. Una separación demasiado temprana se ha asociado con un mayor riesgo de problemas posteriores de comportamiento, como miedo, ansiedad, reactividad y dificultades para relacionarse correctamente con otros perros.
Estos aprendizajes ocurren de una manera especialmente natural dentro de una camada y que un humano difícilmente puede reproducir de la misma forma.
