Hay una foto vieja que Mark Bellingham guarda como un tesoro: él, policía y goleador imparable en las canchas amateurs de Inglaterra, sostiene entre sus brazos a su hijo Jude.


Años después, ambos volvieron a posar para una cámara. Ya no hay un bebé en brazos: hay un hombre hecho y derecho, una de las grandes figuras del fútbol mundial, parado junto al mismo padre que lo cargó cuando no pesaba nada. La misma sonrisa, el mismo orgullo, solo que ahora se nota en los dos. 🥹⚽
