El asesinato de su mejor amiga quedó sin resolver durante dos décadas. Un día cruzó miradas con su hija y recordó cómo su padre la mató.

Por Maried Díaz
22 September, 2026

Susan Nason tenía 8 años cuando desapareció, el 22 de septiembre de 1969, en Foster City, California. Había salido de su casa con permiso de su madre para devolverle un par de zapatillas a su mejor amiga, Eileen Franklin. Nunca llegó.

En diciembre, encontraron su cuerpo bajo un colchón viejo, a 35 pies de profundidad en un barranco cerca del embalse Crystal Springs. La habían golpeado dos veces en la cabeza, probablemente con una piedra. El jefe de policía Gordon Penfold lo dijo sin rodeos: “Este va a ser un caso difícil de resolver”.

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Tenía razón. El expediente se enfrió durante veinte años.

En enero de 1989, Eileen Franklin estaba en su casa de Los Ángeles con su hijo de dos años en brazos. Cruzó miradas con su hija de cinco, que dibujaba en el piso. Y una imagen la atravesó: Susan, siendo asesinada.

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Al principio se resistió al recuerdo. Después empezó a hablar con su terapeuta, con su esposo, con sus hermanos. Llamó a la policía seis veces entre noviembre de ese año. En la última, tras confirmar detalles del expediente que jamás se habían hecho públicos, dijo el nombre que cambiaría todo, su padre, George Franklin, bombero retirado, había matado a Susan. Franklin fue arrestado el 28 de noviembre de 1989. Un año después, un jurado lo declaró culpable de asesinato en primer grado. Fue la primera vez en la historia judicial de Estados Unidos que un recuerdo reprimido llevaba a una condena por homicidio. La sentencia no duró. En 1995 un juez federal la anuló por errores en el juicio. Y en 1996 llegó el golpe final, su propia hermana Janice reveló que ambas habían mentido bajo juramento sobre el uso de hipnosis para recuperar la memoria. Las leyes de ese momento invalidaban testimonios basados en recuerdos inducidos por hipnosis, los fiscales decidieron no volver a juzgar el caso y George Franklin fue liberado en 1996. Un caso que nació de un recuerdo terminó destruido por una confesión.

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