El cáncer de ovario rara vez produce síntomas hasta etapas avanzadas. Esta imagen de anatomía patológica muestra por qué: cuando finalmente se extirpa, el tumor ya contiene múltiples poblaciones celulares.

Al corte transversal se identifican al menos tres zonas morfológicamente distintas. La región periférica exhibe tejido hemorrágico oscuro con necrosis franca, señal de que la vascularización tumoral colapsó antes de que el tejido pudiera ser operado. En el centro inferior, una estructura quística de contenido mucinoso verde oliva, característica de los cistadenocarcinomas mucinosos, el subtipo histológico que puede alcanzar los 30 centímetros de diámetro sin generar dolor.
La zona central blanquecina corresponde a tejido sólido indiferenciado. La regla milimetrada en la imagen indica que la pieza supera los 25 centímetros en su eje mayor. El cáncer de ovario tiene una tasa de supervivencia a cinco años del 49% en etapa tardía, precisamente porque esta complejidad arquitectural hace que responda de forma heterogénea a la quimioterapia.
