El olor llevaba años instalado en Imperial Avenue, en el vecindario Mount Pleasant de Cleveland, Ohio.

Los vecinos lo atribuían a Ray’s Sausage, el negocio de embutidos que funcionaba justo al lado de la casa de Anthony Sowell. Las autoridades municipales llegaron a inspeccionar la fábrica y obligaron a su dueño, Ray Cash, a instalar nuevas cañerías, trampas de grasa y sistemas de ventilación, un gasto de hasta 30.000 dólares. El olor nunca desapareció porque nunca vino de ahí.

El 29 de octubre de 2009, la policía llegó a la casa de tres pisos de Sowell investigando una denuncia de violación. Encontraron seis cuerpos dentro de la vivienda, uno de ellos un cráneo envuelto en papel dentro de un balde en el sótano, y cinco más enterrados en el patio. Las once víctimas eran mujeres afroamericanas, muchas sin hogar o atravesando adicciones, desaparecidas entre 2007 y 2009 sin que nadie las buscara con urgencia. Sowell fue condenado y sentenciado a muerte; murió en prisión en 2021, doce años después de que un tribunal reconociera lo que el barrio nunca imaginó.

