
El dueño lo vio una mañana de agosto y no pudo creerlo.
Masanao Itaya tiene una tienda en Nagahama, en la prefectura de Shiga, Japón, donde hace una década colgó un cartel gigante con la cara de un bebé sonriente anunciando ofertas. Tierno, inofensivo, del montón. Hasta que el verano japonés hizo lo suyo: el calor extremo empezó a derretir literalmente la tinta del anuncio, y los ojos y la boca del bebé se transformaron en agujeros negros que parecen sacados de una película de terror.

Lo más gracioso es lo que hizo Itaya al notarlo: nada. Como coincidió con la temporada de Obon, decidió dejarlo tal cual, convencido de que la gente lo disfrutaría como una especie de atracción de terror veraniega gratis. Y tenía razón: hoy es lo que más comentan los clientes de sus 70.000 productos, y cada verano medio internet revisa cómo va envejeciendo (mal) el bebé. 👶🔥


