El 17 de julio de 1967, en Jacksonville, Florida, Randall G. Champion recibió una descarga de más de 4.000 voltios mientras trabajaba en lo alto de un poste. Quedó inconsciente, colgado de su arnés a seis metros del suelo, sin pulso detectable.

Su compañero J.D. Thompson estaba a unos 120 metros de distancia cuando vio caer a Champion. No lo pensó dos veces: trepó el poste, se aseguró con su cinturón de seguridad y comenzó a practicarle respiración boca a boca allí arriba, en el aire. Con una mano sostenía el cuerpo inerte de su amigo. Con la otra, buscaba devolverle el aliento. Sintió un pulso débil, se desabrochó el arnés y bajó a Champion sobre sus propios hombros.

Rocco Morabito, fotógrafo del Jacksonville Journal que pasaba por casualidad cubriendo una huelga ferroviaria, frenó, pidió ayuda por radio y capturó la escena. Esa imagen ganó el Premio Pulitzer de Fotografía en 1968 y se conoce en el mundo entero como “El Beso de la Vida”. Champion sobrevivió y vivió 35 años más.

Thompson, al ser consultado décadas después, resumió todo así: “No me siento un héroe… solo hice lo que cualquier liniero haría.” 🏆
