Este mundial de 2026 ha dado mucho de qué hablar y ha levantado figuras que no siempre tenían el foco de atención encima. Erling Haaland quizás es el caso ejemplar. Pero hay otros que, con historias de superación y coraje, se han ganado el cariño de los fans y el respeto de muchos otros.
Harry Kane es un futbolista inglés. Actualmente es considerado uno de los mejores delanteros de su generación. Y no es para menos: Harry es capitán de la selección de Inglaterra y goleador histórico de su país.
Pero no siempre tuvo éxito.

En un principio, a los ocho años, lo llamaron “gordito” y así, sin más, lo descartaron del equipo juvenil para el que postulaba. “Kane era un poco regordete, no muy atlético… sí, cometimos un error”, dijo William Brady, exresponsable de la cantera del Arsenal.

El pequeño Harry no se rendiría. En un trabajo escolar, a los 5 años, había escrito: “Puedo gatear, puedo llorar, puedo nadar, quiero jugar al fútbol”. Esta era una promesa consigo mismo, y estaba decidido a cumplirla.

Toda su familia estaba detrás suyo, quería verlo triunfar. Para perseguir su sueño dijo que, si no lo querían de jugador, quería probar como portero. Desde la administración aceptaron esta oferta, pero la respuesta llegó pronto: “Este chico nunca será portero”.

Parecía que su sueño se arruinaba. Los ídolos de infancia se alejaban. Y Harry no podría ser uno de ellos, uno de los grandes. Esta era una posibilidad. Sin embargo, luchó y luchó como pocos pequeños han debido hacerlo, y se hizo notar.

Consiguió su puesto como delantero y se concentró en lograr lo que más le gustaba: anotar goles. “Amaba el fútbol, amaba jugar y amaba marcar goles”, dijo Clive Allen, uno de sus formadores.

El tiempo terminó de encumbrar su carrera como futbolista profesional. El 14 de febrero de 2026 Harry Kane alcanzó los 500 goles oficiales entre clubes y selección, convirtiéndose en el primer futbolista inglés en conseguir esta hazaña.

Simplemente una leyenda.
