72 socios, los más viejos de todos, los que siempre han estado, en las buenas y en las malas.
El Como los buscó uno por uno para sentarlos en las butacas de su primera noche de Champions League, uno de los momentos más gloriosos en la historia del club.

Son los mismos que gritaron goles en la Serie D, la cuarta división italiana, cuando nadie apostaba un centavo por este club. Los que vieron ascensos que sabían a milagro y descensos que dolían como funeral.

Ninguno pidió nada a cambio. Simplemente estuvieron ahí, temporada tras temporada, mientras el Como pasaba por las categorías más oscuras del fútbol italiano.
Hoy el club les devolvió esa fidelidad con un lugar en las tribunas para el partido más importante de su historia. Las caras de orgullo lo dicen todo: esto no se compra con dinero.
