Marycarmen Caro Gastelum tenía 24 años y venía de un turno largo en el Hospital Guadalajara de Tijuana.
En la calle 2da y Negrete, en pleno Centro, vio a un hombre en silla de ruedas curándose el pie con agua de la llave, sentado sobre una caja de cartón. Dos años antes le habían amputado varios dedos por una trombosis. Desde entonces, esa era toda su cura.

Marycarmen entró a una farmacia, compró guantes y material básico, y se arrodilló ahí mismo, en la vereda, para atenderlo.
Al día siguiente volvió, a la misma hora, para seguir curándolo. Un hombre que pasaba se acercó a felicitarla y llevó cuatro vendas más.

Ella ni se enteró de que la historia se había vuelto viral. Se lo dijo una compañera del hospital.
A veces la medicina más grande no está en un quirófano, sino en una vereda.

